martes, 10 de noviembre de 2020

Somos siervos...

San León Magno Martes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario

La actitud del creyente es, esencialmente la del servicio. Al servicio del Reino, al servicio de los demás… Servir no es otra cosa que desgastarse por el Otro y por los otros convencidos de que es algo inmejorable, fruto de nuestra libertad y de la responsabilidad. Ahora bien, ¿es esa nuestra actitud vital?


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Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando; le dice cuando vuelve del campo:

"Enseguida, ven y ponte a la mesa"?

¿No le diréis más bien:

"Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?

¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:

"Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer"».

lunes, 9 de noviembre de 2020

Quitad esto de aquí...

Dedicación de la Basílica de Letrán Lunes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario

A Jesús le irrita que el templo se haya convertido en espacio para el mercado. Le indigna que se mercadeé con la fe. Los cristianos debemos ser muy cuidadosos con los espacios sagrados. Ellos son mediaciones, lugares de encuentro… ¿Los cuidamos?



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Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.



domingo, 8 de noviembre de 2020

Señor, ábrenos...

 XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Esperar no es estar sentado a la expectativa de lo que pueda venir. No. Esperar en cristiano es estar activo, dispuesto y disponible, lavantarse y ponerse en camino. Es estar preparado para la llegada del Reino y trabajar para que se haga posible.


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Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.

Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

"¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!"

Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las prudentes:

"Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.”

Pero las prudentes contestaron:

"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis".

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:

"Señor, señor, ábrenos."

Pero él respondió:

"En verdad os digo que no os conozco."

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

sábado, 7 de noviembre de 2020

Dios conoce vuestros corazones...

 Sábado de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Las exigencias de Jesús siguen estando de rotunda actualidad. Es fácil juzgar con ligereza a quienes administran los bienes públicos, los cuales deben ser pulcros en el servicio que prestan. Pero corremos el riesgo de demonizar a unos sin mirar en nuestro interior, en el corazón, donde Dios ve de verdad nuestras intenciones. Es buen momento para reflexionar.


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Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:

«Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.

Y les dijo:

«Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».

viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Qué es eso que estoy oyendo de ti...?

 Viernes de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Jesús elogia al administrado injusto por su astucia. Sin embargo, deja claro que dicha astucia con la administración de bienes debe ser en favor de los demás, no para sacar provecho propio e interesado. Poner lo material al servicio de los demás es garantía de que no acabaremos adorando al dios dinero.


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Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:

«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acosaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:

“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:

“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:

“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:

“Cien barriles de aceite”.

El le dijo:

“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:

“Y tú, ¿cuánto debes?”

Él contestó:

“Cien fanegas de trigo”.

Le dijo:

“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

jueves, 5 de noviembre de 2020

He encontrado la oveja que había perdido...

 Jueves de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Lejos de alegrarse del mal ajeno, el creyente, animado y llamado a seguir el Evangelio no descansa hasta que se ha recuperado a la última oveja del rebaño. Desde la libertad, sin imposiciones, con la propuesta salvadora del Nuevo Reino de Dios.


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Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:

«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:

"¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido".

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

O ¿que mujer tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:

"¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido".

Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Se volvió y les dijo...

San Carlos Borromeo Miércoles de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

La exigencia del Señor se antoja dura, e incluso parece inhumana. Pero Jesús quiere dejar claro lo que significa seguirle, identificarse con él, amarlo y hacer del Evangelio el centro de la vida. No es una afición, es algo que llena la vida del hombre y le da sentido. Es un tesoro que merece el lugar central.


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Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar".

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».