viernes, 5 de enero de 2024

Sígueme...

 5 de enero

Jesús sigue tomando la iniciativa, sigue llamando. Poco a poco va eligiendo a aquellos que considera posibles discípulos y después apóstoles. Los llama para que vean, conozcan y crezcan en la intimidad con el Señor. Es esa intimidad la que va forjando al verdadero discípulo, a aquel que escucha y responde con generosidad a la llamada y encuentra en la respuesta el sentido pleno a su existencia. Hoy Jesús nos sigue llamando.


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Jn 1,43-51

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:

«Sígueme».

Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:

«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».

Natanael le replicó:

«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».

Felipe le contestó:

«Ven y verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:

«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:

«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:

«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

jueves, 4 de enero de 2024

¿Qué buscáis?

 4 de enero

El seguimiento del Señor no se inicia por una admiración, o por unas experiencias. Es el encuentro íntimo y personal con el Señor Resucitado lo que da sentido a nuestra vida y a nuestras opciones. Por eso cultivemos el encuentro constante con el Señor en la oración y veremos cómo nuestra vida se llena de sentido.


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Jn 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

«¿Qué buscáis?».

Ellos le contestaron:

«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

Él les dijo:

«Venid y veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

miércoles, 3 de enero de 2024

Este es...

Santísimo nombre de Jesús

3 de enero

Antes de la irrupción de Jesucristo, eran los hombres los que hacían sacrificios a los dioses para la obtención de beneficios o del favor de Dios. Pero Juan nos anuncia una de las novedades. Dios mismo ofrece a su hijo en sacrificio de amor. Es el Cordero de Dios que quitará el pecado del mundo. Así lo reconoce Juan y así lo contempla. Una radical novedad para conocer y amar a Dios.


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Jn 1,29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo". Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». 

domingo, 31 de diciembre de 2023

Mis ojos han visto a tu Salvador...

Sagrada Familia

Domingo 31 de diciembre

Jesús nace y crece en el seno de una familia humilde de Nazaret. Una familia creyente y esperanzada en que Dios actúe y libere a su pueblo. Mientras los tiempos se cumplen la familia se muestra unida en torno a los lazos de amor y en ella el Hijo de Dios se hace y se construye plenamente humano. La experiencia del amor y la entrega generosa en la familia de Nazaret enriquece al pequeño y deja un poso en él que permanece para siempre. El amor de Dios se extiende a la familia de Nazaret.


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Lc 2,22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Luz para alumbrar a las naciones...

 Santo Tomás Becket, obispo y mártir

29 de diciembre

Quienes confían y esperan se alegran al reconocer en el niño Jesús a Dios mismo encarnado y caminando delante de los hombres. El Hijo de Dios es piedra de tropiezo para muchos, predice Simeón a María. Signo de contradicción. Hoy podemos decir que mirar con los ojos de la fe, con la mirada de Dios exige mirar al mundo de otra manera, como Dios nos mira.


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Lc 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos "han visto a tu Salvador",

a quien has presentado ante todos los pueblos:

"luz para alumbrar a las naciones"

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

jueves, 28 de diciembre de 2023

Un grito se oye en Ramá...

 Los Santos Inocentes

Jueves 28 de diciembre

A lo largo de la historia no han sido pocas las situaciones en las que los inocentes se convierten en las víctimas de las iras de los poderosos, víctimas de la sinrazón, de la pobreza, de la desigualdad y de la injusticia. No hace falta irnos atrás en el tiempo. En el conflicto de Israel y Hamas ya se calculan 21000 muertos, de los que la tercera parte son niños. En el siglo XXI seguimos ejecutando inocentes. Su sangre y su sufrimiento siguen clamando al cielo.


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Mt 2,13-18

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:

«Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes;

es Raquel que llora por sus hijos

y rehúsa el consuelo, porque ya no viven».

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Vio y creyó...

 San Juan, evangelista y apóstol

Miércoles 27 de diciembre

Juan y Pedro corrieron hacia el sepulcro esperanzados. La única certeza era la fe. Nada más que la fe movía a estos dos seguidores de Cristo. Eso los puso en camino, los movió de la desesperanza y el confort donde estaban instalados. Y encontraron lo que dio razón a su existencia, a su vida de fe. Solo el encuentro personal con el Dios que ha nacido y reconocido en la tumba vacía hace realidad la fe y la Iglesia.


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Jn 20,2-8

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.