martes, 7 de mayo de 2019

Novena a San Isidro Labrador

Nos acercamos a la fiesta de San Isidro Labrador. El patrón de los agricultores es un santo muy querido en esta tierra en la que el campo y la agricultura han sido y continúan siendo una de las principales actividades económicas. El sustento de nuestras vidas se ha asentado en el sudor de los hombres y mujeres de estas tierras y en el fruto con el que la tierra premia nuestro esfuerzo. Nuestro mirada constante al cielo no es solo a la espera del tiempo favorable. La humildad, la sencillez, el trabajo constante y la esperanza son valores fundamentales de nuestra forma de ser, de trabajar y de vivir. Por ello nos dirigimos en estos días a San Isidro, recordando su memoria y pidiendo su mediación para que la cosecha próxima colme nuestro esfuerzo.
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lunes, 6 de mayo de 2019

"Me buscáis..."


Después de la multiplicación de los panes, la gente busca a Jesús. Se inquieta al no encontrarlo. Todos estamos en actitud de búsqueda, incluso cuando lo negamos. Dios nos interpela y nosotros caminamos en una búsqueda constante. Pero ¿identificamos lo que buscamos?


Jn 6,22-29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
- «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó:
- «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»
Ellos le preguntaron:
- «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
Respondió Jesús:
- «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

domingo, 5 de mayo de 2019

Sígueme...


El ministerio del Pastor, del apóstol de Cristo, consiste en el seguimiento del Señor. Tres veces le pregunta Jesús a Pedro si lo ama. Y es que seguir a Jesús es amarlo. Amarlo implica confiar en él hasta entregar la propia vida en la misión encomendada. Nosotros a veces nos entristecemos antes de llegar a la tercera pregunta.


Jn 21,1-19
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestaban:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-No.
El les dice:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
-Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
-Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer dice Jesús a Simón Pedro:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
El le contestó:
-Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
El le contesta:
-Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
El le dice:
-Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
-Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
-Sígueme.

sábado, 4 de mayo de 2019

No tengáis miedo...


Vieron a Jesús caminando sobre las aguas y tuvieron miedo. Los apóstoles se muestran asustadizos. Los apóstoles buscan otras seguridades ajenas y alejadas de la fe. Necesitan la tierra firme. Quieren volver a la zona de confort. Solo tras el encuentro transformante con el resucitado salen de la zona de confort y se dejan guiar por la fe para asomarse valientemente a la misión encomendada.
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Jn 6,16-21
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo:
- «Soy yo, no temáis.»
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

viernes, 3 de mayo de 2019

Tanto tiempo conmigo, ¿y no me conoces?


Santo Felipe y Santiago, Apóstoles
La pregunta clave del Evangelio de hoy nos pone en la encrucijada de nuestra vida de fe. Como a los apóstoles contemporáneos de Jesús, a nosotros la pregunta nos persigue: ¿tanto tiempo conmigo y no me conoces?


Jn 14,6-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás:
- «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
- «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
- «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

jueves, 2 de mayo de 2019

Todo lo ha puesto en su mano...


San Atanasio, Obispo y Doctor de la Iglesia
El evangelista Juan liga íntimamente la fe con el amor. La fe es una respuesta de absoluta confianza, es una adhesión personal a Jesús y dicha respuesta no se produce si no es movida por el amor.


Jn 3,31-36
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Tanto amó Dios al mundo...


Por si quedaba alguna duda, el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús confirma la absoluta libertad de Dios de darse y desgastarse por amor al ser humano. El Dios cristiano no es un Dios justiciero, es un Dios amoroso, tierno, misericordiosos que ha decidido salvar al hombre.


Jn 3,16-21
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz y para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.