martes, 30 de abril de 2024

La paz os dejo...

Martes de la V Semana Pascua

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos en los que la paz es un frágil deseo de la humanidad y se empieza a quebrar de manera inquietante ante nuestros ojos. ¿Cómo no hablar de paz? Pero ¿qué paz anhelamos? ¿La que se limita a pedir la ausencia de conflictos bélicos o la que de verdad nos construye como una familia humana y humanizadora? Esta última es la de verdad compromete, exige y da frutos. ¿Pero estamos dispuestos a comprometernos?


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Jn 14,27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».


lunes, 29 de abril de 2024

Se las has revelado a los pequeños...

 Santa Catalina de Siena

Lunes de la V Semana de Pascua

Jesús se dirige al Padre y hace una oración bellísima y cargada de una enorme profundidad. Aquellos que se sienten satisfechos por sus posesiones, por su inteligencia o sabiduría humana no abren los ojos de la fe a la Palabra de Dios. Es el humilde, el sencillo el necesitado de búsqueda quien abre bien los ojos, los del rostro y los del interior.


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Mt 11,25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

domingo, 28 de abril de 2024

Permaneced en mí...

 V Domingo de Pascua

Solo hay una forma de dar fruto, de ser luz y sal, de anunciar verdaderamente el mensaje de Jesucristo: estar unidos a él. De lo contrario corremos el grave peligro de desvirtuar el mensaje al desligarlo de su autor. Correremos el riesgo de personalizarlo, edulcorarlo, aislarlo, desarraigarlo… en definitiva de hacer todo menos lo que realmente es. Perder nuestra identidad es el más grave de los peligros que corremos los discípulos.


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Jn 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

viernes, 26 de abril de 2024

Brille así vuestra luz...

 San Isidoro, obispo y doctor

Viernes de la IV Semana de Pascua

La responsabilidad del discípulo es grande. Ha recibido la luz, la sal, la esencia de la vida feliz del creyente; pero no lo ha recibido para quedárselo de manera egoísta. La felicidad recibida solo crece cuando se hace extensiva a los demás. El amor sufre del mismo mal, que si no se da a los demás no crece ni aporta sentido a nada de lo que hacemos. Por eso nuestra misión es extender el amor del Padre a todos y hacerlo como luz y sal en nuestro entorno.



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Mt 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

jueves, 25 de abril de 2024

Id al mundo entero...

San Marcos

Jueves de la IV Semana de Pascua

Si algo hicieron los evangelistas fue anunciar a los cuatro vientos y a toda la historia el mensaje radicalmente novedoso del Dios Jesucristo, un Dios que se define como amor y que así se ha dado a conocer en Jesucristo, muerto por nosotros en la cruz, pero resucitado y, por lo tanto vencedor y signo de esperanza y fraternidad para todas las generaciones. Acudir al evangelio es acudir a la Palabra Viva de Dios a los hombres.


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Mc 16,15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. 

miércoles, 24 de abril de 2024

El que cree en mí no quedará en tinieblas...

 Miércoles de la IV Semana de Pascua

Qué matices tiene la Palabra de Dios. El Dios de Jesucristo no sanciona ni castiga a aquellos que no acogen su palabra y sus gestos. La opción es libre y la acogida o el rechazo son una posición personal no sancionable. Pero es cierto que quien la rechaza pierde una luz, un sentido para leer la realidad que nos asusta y nos envuelve. ¡Cuánto tenemos que reflexionar sobre esto! ¡Cuántos dogmatismos y fundamentalismos se destruyen desde la palabra en nombre de la cual los hemos creado!


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Jn 12,44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

martes, 23 de abril de 2024

Os lo he dicho y no creéis...

 Martes de la IV Semana de Pascua

Jesús no actúa al margen de la voluntad de Dios. Por eso conocer a Jesús es acercarse al Padre. El rostro del Padre lo reconocemos en Jesús, en sus palabras y en sus gestos. Querer llegar al Padre sin él es imposible, porque en Cristo se manifiesta el verdadero ser de Dios Padre.


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Jn 10,22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

domingo, 21 de abril de 2024

Yo doy la vida por las ovejas...

 IV Domingo de Pascua

No habla el evangelio de hoy de las ovejas, que si perdida, que si hallada… No. El evangelio de hoy nos habla del buen pastor. De aquel que se desvive por cada una de las que componen el rebaño, del su cuidado, de su preocupación por ellas, por todas y cada una. Y qué importante es para la comunidad sentirse cuidada por el pastor, sentir la necesidad de un buen pastor. Siempre que hablamos de vocaciones lo hacemos como si fuera responsabilidad de otros, de Dios… Pero no olvidemos que una comunidad madura demanda buenos pastores. Y un buen pastor guía responsablemente a la comunidad por los mejores senderos para alcanzar los mejores pastos.


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Jn 10,11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

viernes, 19 de abril de 2024

Culmen y motor...

 Viernes III Semana de Pascua

Solo quien descubre a Jesús como centro de su vida y criterio de actuación puede comprometerse de lleno con la misión del Señor. Y el centro de esa comunión no es otro que la celebración eucarística, culmen y origen de la vida de los creyentes. Los cristianos tenemos en la Eucaristía el momento de encuentro más íntimo con el Señor, pero ¿estamos convencidos? Los cristianos del siglo XXI estamos dando más importancia a otras cosas que a la celebración dominical de la eucaristía. ¿O no?


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Jn 6,52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

miércoles, 17 de abril de 2024

Esta es la voluntad de mi padre...

Miércoles III Semana de Pascua

Reconocer a Jesucristo como Hijo de Dios conduce a ponerlo en el centro de nuestra existencia. Él se convierte en el motor vital, en el criterio de actuación del discípulo. Por eso quien lo reconoce como tal no siente la necesidad de nada que lo sustituya, él hace a las personas completas y felices, bienaventuradas. ¿Qué puesto ocupa Jesucristo en nuestra vida?


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Jn 6,35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». 

martes, 16 de abril de 2024

Danos siempre de este pan...

 Martes III Semana de Pascua

Solamente desde la fe seremos capaces de reconocer en Jesús al Hijo de Dios y el misterio de salvación de Dios para con nosotros. Pero la fe no es fruto exclusivo de una evidencia, sino el cultivo continuado del don recibido. Un don que hemos acogido, pero que renovamos cada vez que acudimos asiduos al encuentro con el Señor resucitado y dejamos que actúe en nuestras vidas. Ello exige la escucha activa de su palabra.


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Jn 6,30-35

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:

«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó:

«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron:

«Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

lunes, 15 de abril de 2024

Porque comisteis pan hasta saciaros...

 Lunes III Semana de Pascua

Solemos acordarnos de santa Bárbara cuando truena. Sí, ese es el concepto de Dios que más usamos, el de un hacedor de milagros en función de nuestros intereses. Pero Dios no es así. Dios acompaña nuestro caminar, pero ¿nos dejamos acompañar?


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Jn 6,22-29

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:

«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

domingo, 14 de abril de 2024

Vosotros sois testigos de esto...

 III Domingo de Pascua

Es posible que identifiquemos cristianismo con algunas prácticas rituales, tradiciones y de costumbres que nos cueste “entender”. Igual les ocurría a los primeros discípulos, les costaba entender. Pero es que entender no es solo una cuestión del intelecto, sino que afecta a la vida entera. Solo cuando los discípulos reconocen al Resucitado en un encuentro con él salen de la ceguera y se transforman en testigos del Evangelio. Pero no nos engañemos, no somos diferentes. Si no hay encuentro íntimo y constante con el resucitado no habrá transformación y alegría desbordante por el tesoro escondido. Recuerda, encuentro con el Resucitado.


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Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

viernes, 12 de abril de 2024

Que nada se pierda...

Viernes de la II Semana de Pascua

Jesús se aleja de donde ha estado anunciando el Reino de Dios, pero lo sigue mucha gente. Jesús es respuesta a las necesidades más profundas del ser humano y es el centro, sus discípulos colaboran, pero el signo es suyo y es un signo que apunta a su divinidad. El amor se multiplica cuando se da, como el pan de la Eucaristía se multiplica porque es el signo del amor más radical y extremo. Como la vida de los discípulos que fructifica en la Eucaristía y en el compromiso con los demás por amor a Jesucristo.


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Jn 6,1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:

«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:

«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.


jueves, 11 de abril de 2024

El que cree en el Hijo...

 San Estanislao, obispo y mártir

Jueves de la II Semana de Pascua

Puede parecer enigmático el lenguaje de Jesús en su encuentro con Nicodemo. Pero podemos contemplar esta escena como la respuesta de Jesucristo a alguien que está en actitud de búsqueda, porque Nicodemo muestra un interés especial por conocer a Jesús. Sin la fe los ojos que miran no son capaces de ver más allá de la realidad tangible, Pero tras el signo hay una realidad que nos trasciende. Dios se ha dado a conocer a los hombres con un rostro más verdadero que hasta ahora. Su amor a los hombres se funda en la comunidad de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y solo quien se deja seducir por este Dios puede ser su testigo.


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Jn 3,31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

miércoles, 10 de abril de 2024

Para que el mundo se salve por él...

 Miércoles de la II Semana de Pascua

No es extraño escuchar que nos pasan o dejan de pasar desgracias y tragedias por algún castigo divino a nuestra increencia o falta de compromiso. Lo extraño de verdad es que durante siglos este discurso salía de la boca de los “sabios y entendidos” en el seno de la Iglesia y se extendía entre la masa de creyentes menos formada. No vamos a juzgar el pasado ahora ni las estrategias que llevaban a esto. Pero sí vamos a animar a acercarnos a la Palabra de Dios desde la verdad y para la búsqueda de la Verdad. Hacer lo contrario es distorsionar la verdadera identidad de Dios, quien lejos de castigar, es misericordioso, salva y justifica a quien se arrepiente. Nuestro Dios no es vengativo, sino tierno y acogedor.


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Jn 3,16-21

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

martes, 9 de abril de 2024

¿Cómo puede suceder...?

 Martes de la II Semana de Pascua

Todos somos un poco Nicodemo. El hombre creyente, de buena voluntad que quiere seguir al Señor, pero que se siente removido en su interior por dudas importantes que afectan al sentido de su vida. Los cimientos sobre los que había asentado su existencia se tambalean en el encuentro íntimo con Jesucristo. Quiere entender, comprender el misterio, pero necesita contemplar, ver y creer. No nos diferenciamos mucho de él. Queremos entender, pero ¿nos hemos parado a contemplar? ¿Hemos visto y creído?


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Jn 3,5a.7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Nicodemo le preguntó:

«¿Cómo puede suceder eso?».

Le contestó Jesús:

«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

lunes, 8 de abril de 2024

Alégrate, llena de gracia...

 La Anunciación del Señor

Lunes de la II Semana de Pascua

Tras la reacción de fe de quienes vieron al resucitado y creyeron, tiene mucha más importancia este evangelio de Lucas en el que María se fio de Dios sin apenas conocer nada de sus planes. María confió plenamente en Dios. De tal manera que se entregó generosamente a sus planes iniciales. ¿Cuánto nos cuesta a nosotros confiar? ¿Será por egoísmo? ¿Será por desconfianza en todo? ¿será que el entorno nos empuja a desconfiar? Dejémonos transformar por Dios y que nuestro corazón confíe.


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Lc 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, "porque para Dios nada hay imposible"».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

domingo, 7 de abril de 2024

Bienaventurados los que creen...

Domingo de la Divina Misericordia 

II Domingo de Pascua

Tras el reconocimiento del Señor Resucitado viene el envío. Y para que la misión dé posibles frutos el Espíritu Santo. Él, posiblemente el gran olvidado de la fe en nuestras latitudes, es la garantía de que no nos automisionamos, sino que la misión que llevamos a cabo no es nuestra, sino de Dios. Y ¿qué es necesario para que la misión fructifique? La fe.


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Jn 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

viernes, 5 de abril de 2024

Es el Señor...

 Viernes de la Octava de Pascua

Vio y creyó. Los discípulos han vuelto a lo cotidiano. Tras la intensidad de los días de la pasión y el inesperado desenlace (para ellos), reconocen al Señor Resucitado por algunos de los gestos. Ven y creen. La fe de la comunidad crece a medida que reconocen al Señor vivo. Y la comida, la eucaristía, parece ser el culmen de ese reconocimiento. ¿Cuántas veces hacemos de las procesiones y otros ritos elementos esenciales de la vida de fe de la comunidad mientras dejamos a un lado el alimento de la eucaristía?


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Jn 21,1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar».

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

jueves, 4 de abril de 2024

Paz a vosotros...

 Jueves de la Octava de Pascua

Vio y creyó. Un paso más. De los dos discípulos de Emaús que regresan a la comunidad a contar lo que les ha ocurrido y, sobre todo, que vieron y creyeron, a la comunidad entera (aunque pequeña) reunida, pero escondida por miedo. Y el primer deseo del Señor es la Paz. ¿Sigue siendo el deseo de hombres y mujeres en el siglo XXI? A veces parece que no. Y Jesucristo muestra las marcas de la pasión, del siervo sufriente, pero muestra la vida y come con ellos. Está vivo, es él. Vieron y creyeron.


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Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».