viernes, 31 de diciembre de 2021

La vida es la luz de los hombres...

 San Silvestre

Séptimo día de la Octava de Navidad

Luz y Vida es Jesucristo para nosotros. Seguimos contemplando el misterio de la encarnación. Nuestra vida se orienta hacia Dios, de quien hemos recibido todo. Agradecidos nos acercamos al misterio para que ilumine nuestro peregrinar.


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Jn 1,1-18

En el principio existía el Verbo,

y el Verbo estaba junto a Dios,

y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo,

y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:

este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera,

que alumbra a todo hombre,

viniendo al mundo.

En el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de él,

y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa,

y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron,

les dio poder de ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,

ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria:

gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés,

la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

jueves, 30 de diciembre de 2021

La gracia de Dios estaba con Él...

 Sexto día de la Octava de Navidad

Ana, del reducido grupo que mantenía la esperanza mesiánica, reconoce en el niño Jesús al Mesías anunciado. Pero aún no es el momento. En estos días después de la Navidad la liturgia nos ofrece la posibilidad de contemplar el misterio de la encarnación desde la esperanza en un nuevo reino. Aprovechemos la oportunidad.


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Lc 2,36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Hemos visto a tu Salvador...

 Santo Tomás Becket, Obispo y mártir

Quinto día de la Octava de Navidad

La esperanza de Israel se cumple. El anciano Simeón reconoce al Mesías. Su presencia en el templo para ser presentado según el ritual judío es el inicio de una nueva época. Así lo revela Simeón animado por el Espíritu. Nosotros, portadores de la gran noticia de esperanza, estamos llamados a anunciar con la alegría en nuestra vida la esperanza en un tiempo nuevo.


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Lc 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

“luz para alumbrar a las naciones”

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

martes, 28 de diciembre de 2021

Condenados a la inocencia...

 Los Santos Inocentes

Cuarto de la Octava de Navidad

Celebramos hoy los Santos Inocentes. El Evangelio de Mateo hace un paralelismo entre Moisés y Jesús. Hoy, en pleno siglo XXI siguen muriendo los inocentes. Niños y niñas asediados por el hambre y la guerra; por la injusticia y la desigualdad… El Reino de Dios tiene que abrirse camino entre tanto desamor. Y nosotros somos testigos del Reino. Levántate…


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Mt 2,13-18

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:

«Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes;

es Raquel que llora por sus hijos

y rehúsa el consuelo, porque ya no viven».

lunes, 27 de diciembre de 2021

Vio y creyó...

 San Juan, Apóstol y Evangelista

Tercer día de la Octava de Navidad

El Reino de Dios sigue necesitando de testigos. Hombres y mujeres que se pongan en pie, sepan leer los signos de los tiempos y, sin temor, crean y, creyendo, se comprometan. Esos testigos somos nosotros, los llamados por Dios para dar razón de nuestra esperanza.


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Juan 20, 2-8

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Lo que guardamos en el corazón...

 Fiesta de la Sagrada Familia

No quiero imaginar la desazón de unos padres que despistan a su hijo y tardan tres días en encontrarlos. Es posible que este relato de Lucas guarde más una intención teológica que histórica. Pero es cierto que a veces podemos tener la tentación de hacer una lectura literal del mismo. Y es que nuestra primera familia es fundamental en nuestra vida. La familia de sangre crea lazos que duran toda la vida. Pero Jesús nos muestra en este relato la amplitud de la nueva familia que Dios nos propone. No hay límites sanguíneos. Es la fe, la fraternidad que brota de la filiación divina lo que construye una familia mayor.


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Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que se enteraran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó:

«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Dios ha nacido...

 Fiesta de la Natividad del Señor

La alegría es desbordante. Tanto tiempo esperando… Y por fin ha llegado. Dios se ha hecho uno de los nuestros. Dios ya no es lejano, ni ajeno a nosotros… Nunca lo fue. Pero hoy se ha hecho hombre. Carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos. Libremente ha decidido caminar a nuestro lado. Alégrate y levanta. Empieza a caminar. En la sencillez de una familia humilde Dios se ha encarnado.


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Juan 1. 1-18

En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

viernes, 24 de diciembre de 2021

A las puertas...

Viernes de la IV Semana de Adviento

La respuesta de Zacarías es, ante todo, una respuesta de agradecimiento y de una fe profunda. Un hombre que ha mantenido firme su esperanza. Hombres y mujeres de esperanza. Es lo que nuestro mundo reclama y lo que Dios nos pide. Demos un paso adelante y ante la llegada inminente del Señor pongámonos manos a la obra.


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Lucas 1, 67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo:

«”Bendito sea el Señor, Dios de Israel”, porque ha visitado y “redimido a su pueblo”, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza” y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Se alegra mi espíritu...

 Miércoles de la IV Semana de Adviento

La respuesta de María a la obra de Dios en su vida es de agradecimiento a la par que reconocimiento de la centralidad que Dios ha empezado a ocupar en su vida. María se alegra de corazón y eso la hace estar en una constante actitud positiva. Ojalá a los creyentes se nos notase esa alegría interior desbordante. A veces parece que estamos en un eterno cortejo fúnebre.


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Lucas 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres” - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

martes, 21 de diciembre de 2021

Se levantó...

Martes de la IV Semana de Adviento

María no se detiene a pesar de haber sido ya agraciada por el Señor. María asume su existencia como donación a los demás y al Señor que la ha llamado y la ha transformado. Ella es donación de sí misma, modelo del que porta en su interior. Modelo también para los creyentes de todos los tiempos. Mujer que escucha, que reflexiona y se compromete.


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Lucas 1,39-45

En aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

lunes, 20 de diciembre de 2021

El Dios de nuestros planes...

 Lunes de la IV Semana de Adviento

Entre el “no temas, María” y el “sí” definitivo de María ocurren muchas cosas. Aparentemente unos segundos. En realidad el sentido de la existencia de estas personas. El “sí” de María es la aceptación del plan de Dios en su vida. Ello supuso recomponer sus propios planes y encajar el plan salvífico de Dios en su vida. Una vida que se convierte en nueva. Y esto no se hace en un momento. Este cambio profundo exige reflexión, aceptación de la propuesta y compromiso. Y como hilo conductor que lo une todo nos quedan la fe y la esperanza. Estamos en la última semana de adviento, el tiempo definitivo para aceptar a Dios en nuestros planes.


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Lucas 1, 26-38

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

domingo, 19 de diciembre de 2021

En camino...

 IV Domingo de Adviento

María acude a casa de Isabel. Lo deja todo. Así hizo cuando Dios la llamó. Se puso a disposición del Señor. Ahora se pone en camino para asistir a su prima Isabel. Por ello María es Madre de los Creyentes. Pone toda su existencia en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Espera sin miedo y se levanta de su comodidad para emprender un camino novedoso-.


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Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamo:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

sábado, 18 de diciembre de 2021

Dios con nosotros...

 Sábado de la III Semana de Adviento

El sueño es, en la biblia, un espacio agraciado del encuentro de Dios y el hombre. En el sueño Dios se revela a los hombres y hace su propuesta de pleno sentido. Son varios los episodios bíblicos en los que esto ocurre. El encuentro con el Señor transforma. Ya estamos expectantes ante la inminente venida del niño-Dios. Pronto se producirá el encuentro. Preparémonos.


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Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta.

«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Genealogía...

Viernes de la III Semana de Adviento

Jesucristo completa la revelación iniciada en la antigüedad con los Patriarcas y continuada a través de la historia con las mediaciones que Dios ha dispuesto. No surge de repente, está vinculado al Judaísmo. Pero no se encierra en las tradiciones de Israel. El Evangelio, la misión del Señor traspasa fronteras y es universal. No la encerremos nosotros ahora.


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Mateo 1, 1- 17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.

jueves, 16 de diciembre de 2021

Frustraron el designio de Dios para con ellos...

Jueves de la III Semana de Adviento

El Espíritu del Señor sopla donde quiere y como quiere. Y el Señor tiene una predilección especial por los más débiles. No es nuevo, así nos lo revela Jesucristo. No es porque Dios no quiera hablarle a los demás, sino porque los que se creen salvados por su propia voluntad no abren el corazón a la novedad del Señor. ¿Y tú?


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Lucas 7, 24-30

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan:

«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales.

Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:

“Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».

Al oír a Juan, toda el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamaron que Dios es justo. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Anunciad lo que habéis visto y oído...

 Miércoles de la III Semana de Adviento

Juan sabe que el tiempo está cerca y cuando tiene referencias de Jesús envía a sus seguidores para realizar una pregunta directa y clara. A pesar de que Jesús no responde con palabras, el mensaje es claro. El Reino que Juan empezaba a entrever se hace realidad. Los signos son visibles. Los cojos andan, los ciegos ven…


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Lucas 7, 19-23

En aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo:

«¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».

Los hombres se presentaron ante él y le dijeron:

«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».

En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.

Y respondiendo, les dijo:

«ld y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y !bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

martes, 14 de diciembre de 2021

Los publicanos y las prostitutas le creyeron...

San Juan de la Cruz, doctor de la Iglesia 

Martes de la III Semana de Adviento

No basta el postureo. Para Jesús lo que cuenta es lo que mueve el interior del hombre y la coherencia de sus actos. No exige grandes proezas, solo disponibilidad, apertura y compromiso. Algunos siguen empeñados en hacer que Dios diga y haga lo que nosotros queremos que haga. Pero no, Dios empapa el corazón del hombre y lo transforma. Los que buscan al Señor lo encuentran.


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Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».

Contestaron:

«El primero».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

 

lunes, 13 de diciembre de 2021

Os voy a hacer yo también una pregunta...

Santa Lucía, Virgen y mártir 

Lunes de la III Semana de Adviento

El corazón dispuesto y generoso que Juan preparaba fue capaz de acoger al Mesías. Fueron los sencillos, los humildes, los mismos que escucharon a Juan, los que acogieron a Jesucristo. Dios obra así. No les resultó tan fácil a los que tenían su mundo de seguridades en la religión formal. Los sumos sacerdotes y fariseos no abrieron al corazón a la novedad del Señor. Encerrados en la formalidad no dejaron sitio a la originalidad liberadora de Cristo.


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Mateo 21, 23-27

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:

«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».

Jesús les replicó:

«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».

Ellos se pusieron a deliberar:

«Si decimos "del cielo", nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?” Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».

Y respondieron a Jesús:

«No sabemos»

Él, por su parte, les dijo:

«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».