viernes, 6 de diciembre de 2019

¿Creéis...?


Viernes de la I Semana de Adviento
La respuesta de Jesús es proporcional a la fe de los ciegos. Y cuando reciben el gran gozo de la curación no se esconden, gritan a los cuatro vientos la dicha de lo que les ha ocurrido. Es como encontrar un tesoro.

Mt 9,27-31
En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:
- «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
- «¿Creéis que puedo hacerlo?» Contestaron:
- «Sí, Señor.»
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
- «Que os suceda conforme a vuestra fe.»
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
- «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Discípulos...


Jueves de la I Semana de Adviento
No bastan las palabras, las buenas intenciones, el postureo de “quedar aparentemente bien” con los demás. Seguir la voluntad de Dios significa comprometerse coherentemente con el Evangelio. Y ello significa un compromiso efectivo y real en la vida de cada día.

Mt 7,21.24-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Sanados...


Miércoles de la I Semana de Adviento
Los enfermos, los hambrientos, quienes más necesitan son los que reciben del Señor. Y no solo sana enfermedades, colma los anhelos de los hombres y mujeres de ayer y de hoy. Dios padece con nosotros y toma la iniciativa. Abramos el corazón y dispongámonos a profundizar en el Adviento.

Mt 15,29-37
En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Los discípulos le preguntaron:
-«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»
Jesús les preguntó:
-«¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron:
- «Siete y unos pocos peces.»
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.

martes, 3 de diciembre de 2019

Sencillos...


Martes de la I Semana de Adviento. San Francisco Javier
La Palabra de Dios no se dirige en exclusiva a un reducido grupo de iluminados, ni de aquellos que tienen mayor acceso a la cultura o al poder. La Palabra del Señor se abre a todos, pero especialmente a aquellos que con el corazón abierto y dispuesto acogen humildemente la voluntad de Dios. Por eso prepararnos para recibir al niño Dios es entrenar para disponer nuestro corazón.

Lc 10,21-24
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
- «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
- «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

lunes, 2 de diciembre de 2019

Confiados...


Lunes I semana de Adviento
En el punto de partida de la preparación para la llegada de Señor a nuestras vidas está la disposición a recibirlo. Si estamos llenos de cosas puede que no sintamos la necesidad de la presencia de Dios en nuestra vida. Solo los enfermos necesitan médico. Solo la fe nos inclina a Dios.

Mt 8,5-11
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
- «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó:
- «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó:
- «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
- «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»

domingo, 1 de diciembre de 2019

Iniciamos un camino novedoso...


I Domingo de Adviento
Comenzamos el tiempo de adviento. Tiempo de espera activa, de levantarse y prepararse para la llegada del Salvador. Es momento para despertar, levantarse y ponerse en camino. Es el tiempo propicio para allanar los caminos y abrir el corazón al niño Dios que viene. Así que ánimo…

Mt 24,37-44
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

sábado, 30 de noviembre de 2019

¿Qué cantamos en Adviento?

El Tiempo del Adviento nos quiere ejercitar en una virtud cristiana básica: La esperanza.  La Iglesia (y cada cristiano) siempre espera la Venida de su Señor.
Cada año cobra actualidad el Adviento, porque siempre necesitamos la Venida de Dios a nosotros. Y nos hace falta aprender a esperarle. Sería señal de debilidad o de muerte si nos encontráramos satisfechos con lo que ya tenemos.
¿Qué esperamos?
Una primera respuesta: la Venida gloriosa de Cristo, al final de los tiempos, para establecer definitivamente su Reino. (Ya desde el primer domingo del Adviento nuestra atención se dirige a ese Día último en que aparecerá Cristo triunfador para juzgar al mundo: “El día se acerca”, “Entonces verán al Hijo del hombre que viene”).
Esta espera se convierte en deseo y necesidad: “Ven, Señor Jesús.” (Marana Tha, que significa: “El Señor viene”). La Iglesia lleva más dos mil años repitiendo estas palabras conclusivas del Nuevo Testamento. Es la expectación gozosa que resuena constantemente en Adviento: “Alegraos, el Señor está cerca”.
Sin embargo, lo más probable es que nuestra generación no conocerá el fin del mundo, que tal vez se demore todavía muchos siglos, en todo caso no creemos que ocurra pronto. El Adviento, entonces, nos devuelve a la primera Venida de Cristo, la de Belén, que está íntimamente unida a la última Venida: el Nacimiento de Cristo inauguró ya la última era de la historia; estamos viviendo los tiempos definitivos; Cristo inauguró ya su Reino, y este Reino irá creciendo y madurando a lo largo de los siglos, hacia su plenitud final.
El Adviento, en definitiva, nos invita a esperar al Señor que sigue viniendo a nosotros en cada persona y en cada acontecimiento, con los ojos puestos en su primera Venida y con el corazón ansiando su última Venida: “Los cielos nuevos y la tierra nueva; una casa de hermanos”.
¿Qué cantamos en el tiempo de Adviento?
El Adviento es un tiempo litúrgico con entidad propia, tiempo corto y sobrio. No es como la Cuaresma, pero se le acerca, porque también quitamos los adornos. Austeridad en el canto, para resaltar la alegría, la fiesta y la solemnidad de la Navidad.
Es, también, un tiempo de esperanza: destaca el “Marana Tha”. Los cantos de Adviento tensan la espera, (tensar las cuerdas del corazón), no esperar sentados, sino esperando al Señor. Así las canciones de este tiempo tienen ritmo (“Vamos a preparar”, “Ven, ven, Señor, no tardes”, etc.).
El Adviento es un tiempo en el que destaca María. La Virgen es modelo de espera y esperanza. Nuestra Madre es protagonista en la Fiesta de la Inmaculada y en el Cuarto Domingo de Adviento.
Por último, debemos destacar “el canto de entrada”; es muy importante, porque da el tono y el carácter de la celebración (es lo mismo que la Corona de Adviento, la ausencia de flores, el color morado de la ropa litúrgica). Puede ser el mismo todo el Adviento, son pocos domingos, y nos marca el nuevo tiempo litúrgico. El canto de entrada es también un símbolo de lo que celebramos: la espera del Señor.