martes, 11 de agosto de 2020

¿Quién es el mayor...?

Santa ClaraMartes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Los parámetros por los que Dios camina poco tienen que ver con nuestros criterios de éxito. Mientras para nosotros servir parece referirse a una tarea inferior, incluso abordada con conceptos peyorativos, para Dios y para el Reino el servicio es garantía de grandeza. La sencillez, la pequeñez y la humildad son atributos propios de lo que Dios quiere. ¡Qué diferencia más sustancial!

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Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

lunes, 10 de agosto de 2020

Si el grano de trigo no muere...

 San Lorenzo – Lunes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Desprenderse de uno mismo no es solo fruto del voluntarismo humano. La gracia de Dios hace posible ese salto cualitativo en la entrega generosa a los demás por la adhesión a Cristo. Así fue y es la vida de los mártires. Vidas entregadas que han dado fruto en abundancia.

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Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sierva, el Padre lo honrará».

domingo, 9 de agosto de 2020

Ánimo soy yo, no tengáis miedo...

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Esta barca puede ser nuestra vida o la Iglesia. Zarandeadas ambas por la contrariedad, la incomprensión o las olas del rechazo. ¡Qué difícil mantenerse erguidos y a flote en estas situaciones! Y lejos del Señor, más indefensos aún. Incluso, ante la llamada del Señor, a veces dudamos… Señor sálvame…

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Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y, después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:

«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».

Pedro le contestó:

«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua».

Él le dijo:

«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

«Señor, sálvame».

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo:

«Realmente eres Hijo de Dios».

sábado, 8 de agosto de 2020

Hasta cuando...

Santo Domingo de Guzmán - Sábado de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

La llamada de atención de Jesús a sus discípulos se debe a la falta de fe. Es necesaria una adhesión mayor a su persona para poder formar parte del Reino.

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Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas le dijo:

«Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo».

Jesús contestó:

«¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, ¿hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo».

Jesús increpó al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño.

Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:

«¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?».

Les contestó:

«Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. Nada os sería imposible».

viernes, 7 de agosto de 2020

Si alguno quiere venir...

 Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Seguir al Señor conlleva el desprendimiento de uno mismo, pero en el sentido de que por encima de los intereses individualistas está la misión a la que Dios nos llama. De poco sirve amontonar bienes materiales si por dentro te vas quedando vacío.

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Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

jueves, 6 de agosto de 2020

Subió con ellos aparte...

La Trasnfiguración del Señor. Jueves de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

A pesar de las dificultades, de la cruz y la pasión, el Señor se muestra en su gloria. Lejos de debilitarse, los discípulos deben comprender que el camino no concluye en el dolor y en la tragedia de la cruz. El verdadero rostro de Dios se manifiesta así.

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Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».


miércoles, 5 de agosto de 2020

Una mujer cananea...

Miércoles de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Frente a la incredulidad y desconfianza de los judíos, Jesús encuentra en esta mujer pagana una fe insospechada. La misión del Señor es universal y se abre a aquellos corazones abiertos a la Palabra de Dios y dispuestos a enrolarse en la empresa del Reino. ¿Dónde estamos nosotros?

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Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:

«Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:

«Señor, ayúdame».

Él le contestó:

«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.