jueves, 14 de febrero de 2019

La mies es mucha...

Santos Cirilo y Metodio, Patronos de Europa
La actitud que Jesús pide a los setenta y dos enviados es positiva… Pide que siempre antepongan posibilitar que el Reino llegue a todos los hombres frente a las apetencias, las ideas personales o los caprichos. La misión no es del enviado, sino de Dios. ¿Somos conscientes de que esa es nuestra misión de bautizados o anteponemos nuestros intereses?
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Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros"».

miércoles, 13 de febrero de 2019

Escuchad...

No han sido pocas las ocasiones en las que hemos experimentado que el progreso del ser humano y de la ciencia se ha puesto en entredicho por el uso inadecuado de la misma. Por eso nos cuesta menos entender las palabras de Jesús. Lo que daña al ser humano, lo que le quita la felicidad, lo que lo devalúa, no es aquello que viene de fuera, sino aquello que permanece y brota del interior del hombre. El egoísmo y el individualismo nacen del interior del ser humano y dañan profundamente a toda la sociedad. Esta llamada de atención del Señor se antoja de rabiosa actualidad.
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Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

martes, 12 de febrero de 2019

Discernir desde la humildad...

El Evangelio pone en alerta siempre al creyente. No puedes dormirte, no puedes relajarte. Es fácil caer en la tentación de pensar y hacer creer a los demás que la tradición de los hombres se convierta en la esencia del seguimiento de Jesús. La Iglesia y los discípulos del Señor debemos tener siempre como referencia la Palabra de Dios para discernir lo que son nuestras enseñanzas del mensaje genuino del Señor. La oración, la cercanía al Señor nos ayudan a llevar a cabo ese discernimiento.
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Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre" y "el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte". Pero vosotros decís: “Si uno le dice a su padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la Palabra de Dios. Con esa tradición que os trasmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

lunes, 11 de febrero de 2019

Esperanza de los que sufren...

Nuestra Señora de Lourdes
En Jesús se concentran la fe y la esperanza de un pueblo. Hombres y mujeres que representan a los más humildes, los que confían en Dios y ven recompensada su espera con la venida del Mesías.  La acción de Dios es también respuesta a la llamada interpelante del hombre de fe.
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Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.
En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

domingo, 10 de febrero de 2019

Te haré pescador de hombres...

V Domingo del Tiempo Ordinario
Tras anunciar su programa en la Sinagoga en Nazaret, Jesús inicia el anuncio del Reino convocando a los primeros discípulos. Toma la iniciativa y elige a unos cuantos hombres para que le sigan, estén a su lado, le conozcan, le amen y se dispongan a empezar algo increíble, ser pescadores de hombres, dejando todo lo que están haciendo. Parece que es importante no tener miedo… Hoy, Jesús sigue llamando…
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Lucas 5, 1 -11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

sábado, 9 de febrero de 2019

Y también el Señor es nuestro descanso...

La misión no se agota en el envío. Nuestra tarea es don que se cultiva en el encuentro íntimo con el Señor. Necesitamos descansar, porque a veces la tarea es dura. Y ¿no hay brazos más acogedores y mejores que los mismos que se abrieron en la cruz ofreciéndose a toda la humanidad por y con amor.
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Marcos 6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

viernes, 8 de febrero de 2019

La fragilidad reñida con la fe...

Herodes no es capaz de proteger a Juan, por mucho que pensase que era un hombre justo. En ocasiones renunciamos a nuestros propios principios por razones poco coherentes. Preferimos ceder a lo que los demás piensan de mí o esperan de mí. La fe no tiene medias tintas...
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Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él.
Unos decían:
«Juan el Bautista ha resucitado, de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Otros decían:
«Es Elías».
Otros:
«Es un profeta como los antiguos».
Herodes, al oírlo, decía:
«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
«¿Qué le pido?».
La madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.