jueves, 7 de octubre de 2021

Pedid, buscad y llamad...

 Nuestra Señora, La Virgen del Rosario

Jueves de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

Tras la demanda de los apóstoles para aprender a orar, Jesús insiste en la necesidad de orar de manera constante e insistente. Él sabe que nada como el diálogo íntimo con el Padre mantiene la llama de la fe en pleno vigor. Por eso su recomendación se hace extensiva hasta nuestros días.


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Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se le piden?».

miércoles, 6 de octubre de 2021

Cuando oréis decid...

Miércoles de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

Sentir la oración como algo esencial en la vida del creyente es fundamental. Orar es cultivar la relación fraterno filial con el Señor. Es ganar en intimidad con Dios. Es expresar la confianza más absoluta. Es fruto de la conversión, pero al mismo tiempo conduce a ella. Es caminar hacia la plenitud.


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Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo:

«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”».

martes, 5 de octubre de 2021

Pedid... buscad... llamad...

 San Atilano

Martes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

Sentir a Dios como Padre es confiar en él sin condiciones. Ningún padre quiere cosas malas para sus hijos. Así es nuestro Padre Dios. Cercano, misericordioso y atento a nuestras verdaderas necesidades.


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Mateo 7, 7-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».

lunes, 4 de octubre de 2021

Haz tú lo mismo...

 San Francisco de Asís

Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

El mensaje del Señor no es difícil de entender, aunque costoso de llevar a lo cotidiano. ¿Quieres ganar la vida eterna? Solo tienes que hacer gestos sencillos en el día a día. Estar atento a las necesidades de tus “próximos”. Sentir con ellos. Cuidarlos. Servir a Dios como testigo de su amor. No es complicado de decir. ¿Y de hacer?


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Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo:

«¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».

Él respondió:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo».

Él le dijo:

«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Respondió Jesús diciendo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:

"Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva".

¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él contestó:

«El que practicó la misericordia con él».

Jesús le dijo:

«Anda, haz tú lo mismo».

domingo, 3 de octubre de 2021

Los bendecía...

 San Francisco de Borja

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

La prueba que los fariseos lanzan a Jesús acaba volviéndose contra ellos. Jesús pone en entredicho la literalidad de la norma del Antiguo Testamento abogando por lo más genuino, la igualdad del hombre y la mujer ante Dios y, en consecuencia, entre ellos. Aunque la convivencia se resienta, aunque las dificultades afloren y se pueda hacer no viable, el objetivo de la unión del hombre y la muer es el camino hacia la unidad.


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Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:

«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».

Él les replicó:

«¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron:

«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo:

«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo:

«Si uno se repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

sábado, 2 de octubre de 2021

Como un niño...

Santos Ángeles Custodios 

Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario

Desprenderse de uno mismo, de las propias seguridades y comodidades es la única forma de encontrarse en el Otro. Dios completa nuestra vida. Por eso hacerse como niños, empezar de cero, contemplar y dejarse admirar son acciones que Dios espera de nosotros.


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Mateo 18, 1-5. 10

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge en mí.

Cuidado con despreciar a uno estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial».

viernes, 1 de octubre de 2021

Ay, de ti...

Santa Teresa del Niño Jesús 

Viernes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario

Jesús se lamenta de la indiferencia y el rechazo que recibe de sus paisanos a pesar de todo lo que han visto y oído. Su rechazo será su propia negación.


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Lucas 10, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.

Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno.

Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».