martes, 30 de abril de 2024

La paz os dejo...

Martes de la V Semana Pascua

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos en los que la paz es un frágil deseo de la humanidad y se empieza a quebrar de manera inquietante ante nuestros ojos. ¿Cómo no hablar de paz? Pero ¿qué paz anhelamos? ¿La que se limita a pedir la ausencia de conflictos bélicos o la que de verdad nos construye como una familia humana y humanizadora? Esta última es la de verdad compromete, exige y da frutos. ¿Pero estamos dispuestos a comprometernos?


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Jn 14,27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».


lunes, 29 de abril de 2024

Se las has revelado a los pequeños...

 Santa Catalina de Siena

Lunes de la V Semana de Pascua

Jesús se dirige al Padre y hace una oración bellísima y cargada de una enorme profundidad. Aquellos que se sienten satisfechos por sus posesiones, por su inteligencia o sabiduría humana no abren los ojos de la fe a la Palabra de Dios. Es el humilde, el sencillo el necesitado de búsqueda quien abre bien los ojos, los del rostro y los del interior.


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Mt 11,25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

domingo, 28 de abril de 2024

Permaneced en mí...

 V Domingo de Pascua

Solo hay una forma de dar fruto, de ser luz y sal, de anunciar verdaderamente el mensaje de Jesucristo: estar unidos a él. De lo contrario corremos el grave peligro de desvirtuar el mensaje al desligarlo de su autor. Correremos el riesgo de personalizarlo, edulcorarlo, aislarlo, desarraigarlo… en definitiva de hacer todo menos lo que realmente es. Perder nuestra identidad es el más grave de los peligros que corremos los discípulos.


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Jn 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

viernes, 26 de abril de 2024

Brille así vuestra luz...

 San Isidoro, obispo y doctor

Viernes de la IV Semana de Pascua

La responsabilidad del discípulo es grande. Ha recibido la luz, la sal, la esencia de la vida feliz del creyente; pero no lo ha recibido para quedárselo de manera egoísta. La felicidad recibida solo crece cuando se hace extensiva a los demás. El amor sufre del mismo mal, que si no se da a los demás no crece ni aporta sentido a nada de lo que hacemos. Por eso nuestra misión es extender el amor del Padre a todos y hacerlo como luz y sal en nuestro entorno.



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Mt 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

jueves, 25 de abril de 2024

Id al mundo entero...

San Marcos

Jueves de la IV Semana de Pascua

Si algo hicieron los evangelistas fue anunciar a los cuatro vientos y a toda la historia el mensaje radicalmente novedoso del Dios Jesucristo, un Dios que se define como amor y que así se ha dado a conocer en Jesucristo, muerto por nosotros en la cruz, pero resucitado y, por lo tanto vencedor y signo de esperanza y fraternidad para todas las generaciones. Acudir al evangelio es acudir a la Palabra Viva de Dios a los hombres.


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Mc 16,15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. 

miércoles, 24 de abril de 2024

El que cree en mí no quedará en tinieblas...

 Miércoles de la IV Semana de Pascua

Qué matices tiene la Palabra de Dios. El Dios de Jesucristo no sanciona ni castiga a aquellos que no acogen su palabra y sus gestos. La opción es libre y la acogida o el rechazo son una posición personal no sancionable. Pero es cierto que quien la rechaza pierde una luz, un sentido para leer la realidad que nos asusta y nos envuelve. ¡Cuánto tenemos que reflexionar sobre esto! ¡Cuántos dogmatismos y fundamentalismos se destruyen desde la palabra en nombre de la cual los hemos creado!


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Jn 12,44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

martes, 23 de abril de 2024

Os lo he dicho y no creéis...

 Martes de la IV Semana de Pascua

Jesús no actúa al margen de la voluntad de Dios. Por eso conocer a Jesús es acercarse al Padre. El rostro del Padre lo reconocemos en Jesús, en sus palabras y en sus gestos. Querer llegar al Padre sin él es imposible, porque en Cristo se manifiesta el verdadero ser de Dios Padre.


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Jn 10,22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».