martes, 12 de mayo de 2020

Paz...


Martes de la V Semana de Pascua
Uno de los saludos más propios del Resucitado tras la pascua es: “la paz os dejo”. No hay duda de que tras el tiempo de la tormenta viene la calma. Tras la tensión interna que han vivido los discípulos, la presencia de Jesucristo en medio de la comunidad supone un bálsamo. Ahora, de repente, anuncia su ausencia. Pero no es un abandono. La presencia del Señor en la nueva comunidad es constante. La garantía de tal presencia es la comunidad de amor del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.

Juan 14, 27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».

lunes, 11 de mayo de 2020

Haremos morada en él...


Lunes de la V Semana de Pascua
Comienza Jesús el anuncio de la venida del Espíritu Santo tras una pregunta interpelante de Judas: ¿por qué has venido a nosotros? La pregunta sería la misma si hubiera dicho: ¿por qué nos has elegido a nosotros? La respuesta de Jesús puede parecer enigmática, pero encierra el gran misterio del amor de Dios. Él toma la iniciativa y nos elige y nosotros, desde la más absoluta libertad, respondemos a esa llamada desde lo más profundo de nuestro ser. Respondemos con amor al amor recibido y en eso se nota que somos testigos. Esas preguntas siguen hoy presentes en nuestra vida ajetreada y ocupada. Busquemos muy dentro las respuestas.

Juan 14, 21-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

domingo, 10 de mayo de 2020

Yo soy...


V Domingo de Pascua
En medio de tantos caminos, de tantas propuestas, de tantas ofertas, Jesucristo es el verdadero camino que colma los anhelos del corazón humano. Es normal que dudemos. Son muy atractivas las propuestas actuales, pero incompletas. Solo la propuesta de Dios está llena de Vida.

Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mi. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

sábado, 9 de mayo de 2020

9 de mayo: Fiesta de San Gregorio Nacianceno


La vida de San Gregorio Nacianceno tiene un notable paralelismo con la de San Basilio. Gregorio era también de la región de Capadocia, y se le llama Nacianceno por haber nacido junto a Nacianzo, el mismo año que Basilio. Estudiaron juntos en Atenas, fue también monje y más tarde es nombrado patriarca de Constantinopla.
Sus vidas, además de paralelas, son también complementarias. Basilio es más activo y emprendedor. Gregorio tenía más marcada afición al estudio, a la poesía y a la oración. Por eso renuncia a su sede y vuelve a su pueblo natal, para dedicarse sobre todo a la oración y a sus escritos teológicos, lejos del mundanal ruido. Murió el año 389, diez años más tarde que Basilio. Fue llamado el teólogo, por su rica doctrina y su elocuencia.
Como Gregorio le sobrevivió, escribió un elocuente sermón en alabanza de Basilio, en el que resalta la hondura, la fecundidad y calidad de su mutua amistad. "Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y sin embargo carecíamos de envidia. En cambio teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía. Cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia".
"Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras, de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ese fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño de la virtud. Y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido".


Tanto tiempo con vosotros y ¿no me conocéis?


Sábado de la IV Semana de Pascua
Resulta inseparable Jesucristo del Padre. En él vemos todas las características de Dios y nos muestra un retrato completamente distinto a lo que nosotros proyectamos. Pretendemos, en muchas ocasiones, hacer un Dios a nuestra conveniencia. Un Dios que acceda a nuestras demandas.

Juan 14,7-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mi, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mi, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

viernes, 8 de mayo de 2020

Nada te turbe...


Viernes de la IV Semana de Pascua
No se turbe vuestro corazón, dice el Señor. A pesar de la dificultad, de la aparente ausencia del Resucitado, el cristiano debe mantener la esperanza. Pero no es una esperanza pasiva, de sofá y pantalla. ¡No! La Esperanza del creyente radica en una actitud proactiva, motivada por la fe y la adhesión personal a Cristo.

Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

jueves, 7 de mayo de 2020

Sé a quiénes he elegido...


Jueves de la IV Semana de Pascua
Se nos llena la boca cuando en algunos círculos reducidos decimos que somos testigos. Sin embargo, no resulta extraño escuchar cómo nos solemos vender más nosotros que al mismo mensaje. No nos anunciamos nosotros, sino que damos a conocer al que nos ha enviado desde el mismo momento que nos incorporamos a la Iglesia por el bautismo. En el mismo Evangelio el Señor nos dice: “yo sé a quienes he elegido”. Nuestra respuesta no puede ser otra que: “sé de quién me he fiado”.

Juan 13, 16-20
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: "El que compartía mi pan me ha traicionado." Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».