sábado, 6 de junio de 2020

La verdadera ofrenda...


Sábado de la IX Semana del Tiempo Ordinario
Jesús muestra a sus discípulos una nueva forma de ver los actos humanos, tantas veces juzgados antes de conocer su verdad y profundidad. Jesús ve más allá. Ve la disponibilidad sincera del corazón de esta mujer que pone en su ofrenda todo su ser.

Marcos 12, 38-44
En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

viernes, 5 de junio de 2020

Jesús preguntó...


San Bonifacio. Viernes de la IX Semana del Tiempo Ordinario
Después de la discusión planteada con el judaísmo más oficial, Jesús deja claro que Él es más importante que cuantos han sido anteriores a él. Su legitimidad no radica en la relación con la estirpe de David, sino en le filiación con Dios. ¿Cómo vemos nosotros al Señor?

Marcos 12, 35-37
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó:
«¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice:
“Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa la escuchaba a gusto.

jueves, 4 de junio de 2020

Mediador...


Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Jueves de la IX Semana del Tiempo Ordinario
La oración de Jesús es el modelo más genuino de oración de un discípulo. Ante la experiencia vital más reveladora de su misión, la entrega amorosa hasta el extremo, Jesús ora en profundidad al Padre. No es posible la aceptación de la voluntad de Dios sin esta intimidad. Igualmente nosotros hoy no podemos avanzar en el camino de la fe y de la vida sin ese diálogo íntimo con el Señor.

Mateo 26, 36-42
Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
«¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

miércoles, 3 de junio de 2020

Necrológica: Palacios del Pan

En medio de esta excepcional situación que estamos viviendo, es nuestro deber, como Hijos de Dios y miembros de la Iglesia, dirigir a Dios nuestra oración por nuestros difuntos. Ha fallecido Don Manuel Prieto Rodrigo. Como solemos hacer, os dejamos aquí una oración por el eterno descanso de nuestro hermano.
El acceso a la eucaristía está estrictamente restringido por indicaciones de las autoridades sanitarias.
Haz clic en la imagen para unirte a toda la Iglesia en oración por nuestro hermano Manuel




Estáis muy equivocados...


San Carlos Luanga y compañeros mártires. Miércoles de la IX Semana del Tiempo Ordinario
En esta ocasión son los saduceos quienes intentar acercarse a Jesús, pero del mismo modo. Los saduceos quieren escuchar de boca de Jesús aquello que justifique sus posicionamientos. No se acercan con sinceridad ni buscando la verdad. No debería resultarnos extraña esta actitud. Hoy es muy fácil prestar nuestro oído a aquellos que nos lo halagan, aquellos que nos confirman en nuestras posiciones. Es tentador, incluso, buscar en el Evangelio aquello que justifique nuestra forma de ser creyentes. Pero ¿es eso buscar la verdad? El evangelio debería ayudarnos a ponernos delante del espejo

Marcos 12, 18-27
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntan:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.
Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
Jesús les respondió:
«¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.
Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

martes, 2 de junio de 2020

Indispuestos...


Martes de la IX Semana del Tiempo Ordinario
Los fariseos y herodianos que se acercaron a Jesús no lo hicieron con actitud de búsqueda, sino que fueron a intentar encontrar contradicciones en el Señor. No llevaban el corazón dispuesto para el encuentro con Dios. Desconfiaban de Él. Todo lo contrario a lo que es la fe. ¿Cómo vamos nosotros al encuentro con el Señor?

Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Se acercaron y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres veraz y que no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».
Adivinando su hipocresía, les replicó:
«¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».
Se lo trajeron. Y él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».
Le contestaron:
«Del César».
Jesús les replicó:
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Y se quedaron admirados.

lunes, 1 de junio de 2020

Ahí tienes a tu Madre...


Santa María Madre de la Iglesia. Lunes de de la IX Semana del Tiempo Ordinario
Des el silencio meditativo del día del anuncio del Ángel Gabriel, María no ha dejado de estar al lado de su hijo. Aparentemente ausente en muchos momentos, la Madre ha acompañado en sombra la obra de Dios y en momentos cumbre se hace patente su maternidad. Esa maternidad continúa en la etapa de la Iglesia inaugurada en Pentecostés. La Madre del Señor es, ahora, nuestra Madre. Como tal la honramos.

Juan 19, 25-34
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.